La cobertura de lunas del seguro: qué cubre y por qué no te sube la prima — qué cristales entra y cuáles no, por qué va sin franquicia y no toca tu bonus-malus, cuándo se repara con resina y cuándo se cambia el parabrisas entero, y por qué tras el cambio hay que recalibrar las cámaras
Un impacto de piedra en la autopista, una luna que amanece reventada por el granizo o una grieta que cruza el parabrisas de lado a lado son de los partes más frecuentes que tramita una aseguradora, y también de los que más dudas generan: ¿lo cubre mi seguro?, ¿me suben la prima si lo uso?, ¿pago franquicia? Esta guía explica qué es exactamente la cobertura de lunas, qué cristales entran y cuáles se quedan fuera, por qué lo habitual es que no lleve franquicia ni penalice el bonus-malus, cuándo basta una reparación con resina y cuándo hay que sustituir el parabrisas completo, y un detalle que casi nadie tiene en cuenta hasta que le pasa: por qué un coche moderno necesita recalibrar sus cámaras de seguridad después de cambiar la luna delantera.
Qué cubre la cobertura de lunas (y qué se queda fuera)
La cobertura de lunas, que en los condicionados aparece también como rotura de lunas o rotura de cristales, indemniza la reparación o la sustitución de los cristales del vehículo cuando se rompen por una causa externa, violenta e involuntaria, incluido el granizo y otros fenómenos meteorológicos ordinarios. En la práctica cubre los tres cristales grandes del coche: el parabrisas, la luneta trasera y las ventanillas laterales.
Lo que sorprende a mucha gente es lo que no entra, aunque también sea de cristal. Los faros, las ópticas y las tulipas de los pilotos no son "lunas" a efectos del seguro: son elementos con su propia cobertura, normalmente dentro de los daños propios, no de la garantía de lunas. Lo mismo ocurre con los retrovisores, que tampoco se consideran lunas pese a llevar espejo. Y quedan fuera, como es lógico, las rayaduras, el desgaste por uso o el envejecimiento del cristal: la cobertura responde de roturas, no del deterioro natural.
El punto más resbaladizo es el techo panorámico o solar de cristal, cada vez más habitual en los coches nuevos y muy caro de reponer. Aquí no hay una regla única y conviene mirar el condicionado: algunas compañías lo excluyen expresamente de la garantía de lunas, mientras que otras lo incluyen, casi siempre con la condición de que sea el techo de serie o esté declarado, no uno instalado después en un taller. Si tu coche tiene techo panorámico, no des por hecho que está cubierto: compruébalo antes de necesitarlo, porque la diferencia entre una compañía y otra puede ser de varios cientos de euros.
Sin franquicia y sin tocar tu bonus-malus: por qué
Aquí está la pregunta que frena a tanta gente a la hora de dar el parte: "si lo uso, ¿me sube el seguro?". La respuesta, como norma general, es no, y conviene entender el porqué porque desmonta un miedo muy extendido.
Primero, la franquicia. Lo habitual es que la cobertura de lunas vaya sin franquicia, incluso en pólizas de todo riesgo que sí tienen franquicia para la chapa. Es decir, puedes tener un todo riesgo en el que un golpe en la puerta te obligue a pagar los primeros 300 euros, pero una luna rota no te cueste nada. No es una obligación legal, sino una práctica de mercado muy consolidada que figura en el condicionado de la mayoría de las pólizas; aun así, conviene confirmarlo en la tuya, porque algún producto puede aplicar sublímites.
Segundo, y más importante, el bonus-malus. El sistema que premia o penaliza tu prima según tu siniestralidad solo tiene en cuenta los siniestros en los que tú tienes la culpa, es decir, aquellos en los que causas un daño a un tercero. Una piedra que salta de un camión y te revienta el parabrisas no es un siniestro con responsabilidad tuya: es un daño fortuito sobre tu propio coche. Por eso usar la cobertura de lunas no penaliza tu coeficiente ni encarece la renovación, igual que no la encarece declarar un robo. La única cautela razonable es que una compañía puede revisar comercialmente la prima de un cliente con una siniestralidad de lunas anormalmente alta o con indicios de fraude, pero eso es la excepción, no la regla. Para un parte puntual, puedes usar la cobertura con tranquilidad.
¿La tienes en tu póliza? Terceros básico, ampliado y todo riesgo
Que la cobertura de lunas no penalice no sirve de nada si tu póliza no la incluye, así que el primer paso es comprobar si la tienes. La regla general es sencilla:
- Seguro a terceros básico: normalmente no incluye la cobertura de lunas. Es el seguro obligatorio, que responde de los daños que causes a otros, y deja fuera los daños a tu propio coche. Algunas compañías permiten añadir las lunas como garantía suelta sobre un terceros básico, pero no viene de serie.
- Terceros ampliado: es el escalón intermedio y suele incluir las lunas de serie, junto con el robo y el incendio. De hecho, existe una modalidad muy comercializada que se llama precisamente "terceros con lunas", pensada para quien quiere esta protección sin pagar un todo riesgo.
- Todo riesgo (con o sin franquicia): incluye las lunas siempre, y como hemos visto, lo normal es que sea sin franquicia aunque el resto de la póliza tenga.
La conclusión práctica es que, si tienes el seguro mínimo obligatorio, probablemente una luna rota corra de tu cuenta, mientras que con un terceros ampliado o un todo riesgo lo más seguro es que esté cubierta. Es uno de los motivos por los que mucha gente, al decidir entre un terceros y un todo riesgo, valora el coste de reponer cristales modernos, que como veremos puede ser elevado. Antes de un viaje largo o si circulas con frecuencia por autovías con obras, revisar este punto del condicionado es de las comprobaciones más rentables que puedes hacer.
Reparar con resina o sustituir el parabrisas entero
No toda luna dañada se cambia: muchas veces se repara, y entender la diferencia ayuda a actuar bien en las primeras horas. La reparación consiste en inyectar una resina especial en el impacto y curarla con luz ultravioleta; es un proceso rápido, de alrededor de media hora, que devuelve al cristal buena parte de su transparencia y resistencia y, sobre todo, evita tener que sustituir el parabrisas completo.
Los talleres especializados aplican un criterio bastante uniforme para decidir entre reparar y sustituir. En líneas generales, un impacto es reparable cuando es pequeño —del tamaño aproximado de una moneda—, está fuera del campo de visión directa del conductor, no se ha ramificado en grietas y no está pegado al borde del parabrisas, donde el cristal trabaja estructuralmente. Cuando el daño supera ese tamaño, se ha convertido en una grieta que avanza, queda dentro del campo de visión o está muy cerca del borde, lo que procede es sustituir el parabrisas entero. Conviene aclarar que estos límites son un criterio técnico habitual de los talleres, no una norma con medidas exactas.
De aquí sale el consejo más útil de toda la guía: actúa cuanto antes. Un picotazo pequeño que hoy se arregla con resina en treinta minutos puede convertirse, con el frío, el calor o un bache, en una grieta que mañana obligue a cambiar todo el cristal. Cuanto antes pases por el taller, más probabilidades hay de quedarte en la reparación barata y rápida en lugar de la sustitución completa. Y como la cobertura de lunas no penaliza, no hay motivo para retrasarlo.
El parabrisas que "ve": los ADAS y la recalibración obligatoria
Esta es la parte que cambia por completo en los coches de los últimos años y que muchos conductores desconocen. Buena parte de los sistemas avanzados de asistencia a la conducción (ADAS) —el frenado de emergencia automático, el aviso de cambio involuntario de carril, el reconocimiento de señales, el control de crucero adaptativo— funcionan gracias a una cámara montada en el parabrisas, justo detrás del espejo retrovisor.
La consecuencia es directa: cuando se sustituye el parabrisas, esa cámara queda en una posición ligeramente distinta y deja de "ver" el mundo exactamente donde lo veía antes. Por eso, tras cambiar la luna delantera de un coche con ADAS, hay que recalibrar la cámara para que vuelva a interpretar bien la carretera. La recalibración puede ser estática, en el taller, frente a unos paneles de referencia con dianas, o dinámica, conduciendo el coche un rato en condiciones determinadas para que el sistema se reajuste; según el fabricante, a veces se exige una, otras ambas.
No es un trámite opcional ni un sobreprecio inventado por el taller. Un sistema mal calibrado puede frenar tarde, dar falsas alertas, detectar obstáculos que no existen o, peor, no detectar los que sí están, justo lo contrario de la seguridad que promete. La buena noticia para el bolsillo es que, cuando el cambio de parabrisas se tramita por el seguro de lunas, la recalibración suele ir incluida en el servicio sin coste añadido para el asegurado. Por eso, ante un cambio de luna en un coche moderno, conviene exigir siempre el certificado de recalibración: es la prueba de que tus sistemas de seguridad vuelven a estar a punto. Y explica también por qué reponer el parabrisas de un coche actual cuesta bastante más que hace una década.
Qué hacer ante un impacto, la ITV y la visibilidad obligatoria
Si una piedra te golpea el parabrisas en marcha, lo primero es no asustarse ni frenar bruscamente, terminar el trayecto con prudencia y, al parar en un lugar seguro, inspeccionar el daño: tamaño, si está en tu campo de visión y si ya hay grieta. Para que un picotazo no se propague conviene cubrirlo con un trozo de cinta adhesiva transparente, que impide que entren agua y suciedad sin taparte la vista, y evitar los cambios bruscos de temperatura —nada de echarle agua caliente para deshelar ni poner el desempañador a tope—, porque el cristal se dilata y la grieta crece. Después, al taller cuanto antes, y dar el parte: muchos talleres especializados de lunas lo tramitan directamente con tu aseguradora, sin que tengas que adelantar dinero.
Sobre dónde repararlo, conviene saber que tienes derecho a elegir taller: ni la normativa de seguros ni la de defensa del consumidor obligan al asegurado a usar la red concertada de su compañía, aunque acudir a un taller concertado agiliza la peritación y el pago directo. La decisión es tuya.
Por último, dos avisos que conectan la luna con la legalidad del coche. En la ITV, una fisura o un impacto que caiga dentro del campo de visión mínimo del conductor —la zona delimitada por el volante y, en su parte superior, por el barrido del limpiaparabrisas— se considera un defecto grave según el Manual de Procedimiento de Inspección de las estaciones ITV: la inspección sale desfavorable y hay que cambiar o reparar la luna y volver a la estación en el plazo de la segunda inspección; fuera de esa zona es un defecto leve, que no impide pasar la ITV pero queda anotado. Y circular con el parabrisas en mal estado no es solo un riesgo: el Reglamento General de Circulación exige que la superficie acristalada permita una visibilidad diáfana, de modo que un parabrisas que la comprometa se considera una infracción grave de las condiciones técnicas del vehículo, sancionada con 200 euros de multa (que puede incrementarse hasta un 30 % por agravantes), sin pérdida de puntos. Reparar una luna a tiempo, por tanto, no es solo una cuestión de comodidad o de seguridad: también evita un rechazo en la inspección y una sanción.
Preguntas frecuentes
¿Usar el seguro de lunas me sube la prima o me gasta el bonus?
Como norma general, no. El sistema bonus-malus solo penaliza los siniestros en los que el asegurado tiene la culpa, es decir, los que causan un daño a un tercero. Una rotura de luna por una piedra o el granizo es un daño fortuito sobre tu propio coche, sin responsabilidad tuya, así que no toca tu coeficiente ni encarece la renovación. La única excepción razonable es una siniestralidad de lunas anormalmente alta o con indicios de fraude, que una compañía puede revisar comercialmente.
¿La cobertura de lunas lleva franquicia?
Lo habitual es que no. La cobertura de lunas suele ir sin franquicia, incluso en pólizas de todo riesgo que sí aplican franquicia para los daños de chapa. No es una obligación legal, sino una práctica de mercado muy extendida, así que conviene confirmarlo en el condicionado de tu póliza, porque algún producto puede aplicar sublímites o condiciones particulares.
¿Los faros y los retrovisores entran en la cobertura de lunas?
No. Aunque sean de cristal, los faros, las ópticas, las tulipas de los pilotos y los retrovisores no se consideran lunas a efectos del seguro: tienen su propia cobertura, normalmente dentro de los daños propios del todo riesgo, no de la garantía de lunas. La cobertura de lunas se refiere al parabrisas, la luneta trasera y las ventanillas laterales, y en algunas compañías al techo panorámico de cristal.
¿Está cubierto el techo panorámico de cristal?
Depende de la compañía. Algunas aseguradoras excluyen expresamente el techo solar o panorámico de la cobertura de lunas y otras lo incluyen, casi siempre con la condición de que sea de serie o esté declarado, no uno instalado después. Como es una pieza cara de reponer, conviene comprobarlo en el condicionado antes de contratar si tu coche lo lleva, porque la diferencia entre pólizas puede ser de varios cientos de euros.
¿Por qué hay que recalibrar el coche tras cambiar el parabrisas?
Porque muchos sistemas de asistencia a la conducción (frenado de emergencia, aviso de carril, lectura de señales) funcionan con una cámara montada en el parabrisas. Al sustituir el cristal, la cámara cambia ligeramente de posición y debe recalibrarse para volver a interpretar bien la carretera. No es opcional: un sistema mal calibrado puede frenar tarde o no detectar obstáculos. Cuando el cambio va por el seguro de lunas, la recalibración suele ir incluida sin coste; conviene exigir el certificado.
¿Una grieta en el parabrisas puede hacerme suspender la ITV?
Sí. Una fisura o un impacto dentro del campo de visión mínimo del conductor (la zona acotada por el volante y el barrido del limpiaparabrisas) se considera un defecto grave en la ITV y la inspección sale desfavorable hasta que se repare; fuera de esa zona es un defecto leve, que no impide pasarla, aunque conviene repararlo igualmente. Además, circular con el parabrisas en mal estado se sanciona como infracción grave con 200 euros de multa por comprometer la visibilidad, sin pérdida de puntos. Reparar la luna a tiempo evita los dos problemas.
Fuentes y metodología
- Ley 50/1980, de 8 de octubre, de Contrato de Seguro, texto consolidado en el BOE (régimen del seguro de daños y pago de la indemnización).
- Reglamento General de Circulación (Real Decreto 1428/2003), artículo 19, texto consolidado en el BOE (obligación de visibilidad diáfana a través de la superficie acristalada).
- Real Decreto Legislativo 6/2015, texto refundido de la Ley sobre Tráfico, artículos 76.o) y 80.1 (infracción grave por incumplir las condiciones técnicas del vehículo, multa de 200 euros), en el BOE.
- Ministerio de Industria y Turismo — Manual de Procedimiento de Inspección de las Estaciones ITV, versión 7.9, Sección I, epígrafe 2.12 (vidrios de seguridad: fisuras o impactos en el campo de visión mínimo, defecto grave; fuera de él, leve).
- RACE — derecho a la libre elección de taller del asegurado tras un siniestro.
- Carglass — sistemas ADAS y recalibración de la cámara tras sustituir el parabrisas.